Dado que la tasa de población anciana está en rápido aumento, también lo están las cifras de lesiones relacionadas con las caídas. Se considera que las personas de 65 o más años de edad son las que tienen un mayor riesgo de caída, y un tercio de este grupo de población experimenta una caída anual¹.

Existe un elevado coste para estos pacientes en términos de sufrimiento, dolor y pérdida de independencia, pero el impacto económico directo asociado a las caídas es astronómico. Según las directrices del NICE de 2013², se cree que las caídas cuestan al NHS (Servicio Nacional de Salud de Reino Unido) 2.300 millones de libras por año. Al tener en cuenta que las personas mayores que viven en residencias geriátricas sufren caídas con más frecuencia que quienes viven en la comunidad³, el peso económico de esas caídas es verdaderamente abrumador.

Evaluación del riesgo de caída: el paciente

Los profesionales sanitarios deben evaluar e identificar a los pacientes que tienen riesgo de sufrir caídas y analizar las mejores opciones para prevenirlas.

Edad

Según el NICE, las personas de 65 o más años de edad son las que tienen un mayor riesgo de caída¹. En torno a un tercio de esta población experimentará al menos una caída en casa y aproximadamente la mitad sufrirá caídas con más frecuencia. En el RU, las caídas son la causa más frecuente de muerte asociada a una lesión entre las personas mayores de 75 años.

Antecedentes de caídas

Otro factor de riesgo principal son los antecedentes de caídas, en especial las ocurridas en los seis meses anteriores. Las caídas previas son uno de los predictores más fiables de futuras caídas.

Incontinencia

Los problemas de incontinencia también son un factor clave, en especial si la persona tiene una movilidad e independencia relativamente buenas pero experimenta incontinencia de urgencia o de frecuencia. Las visitas frecuentes al aseo, especialmente de noche, a menudo dan lugar a caídas. Otros factores como el uso de materiales de ostomía y sonda urinaria pueden aumentar el riesgo de caída.

Medicación

Todos los centros sanitarios deben contar con una lista de fármacos que favorecen las caídas, incluidos los sedantes, ansiolíticos, antidepresivos, psicotrópicos, anestésicos, antihistamínicos, compuestos hipoglucémicos, diuréticos y narcóticos. Por lo general, debe considerarse que cualquier paciente que se haya sometido recientemente a un procedimiento médico o quirúrgico que requiriera sedación tiene un riesgo elevado de caída durante las 24 horas posteriores a la intervención o hasta que la persona recupere su nivel basal de consciencia.

Equipos para el cuidado de los pacientes

Otro factor clave es la presencia de equipamiento para el cuidado del paciente que mantenga a éste conectado a una ubicación o que restrinja su movimiento. Ello incluye los siguientes: sistemas intravenosos, portasueros y bombas de infusión; catéteres permanentes de cualquier tipo, equipos de ostomía no portátiles, sondas de alimentación, sondas torácicas, respiradores, máscarillas o gafas de oxígeno, o cánulas y monitores con cables.

Movilidad

Esto incluye si el paciente requiere asistencia ambulatoria o un aparato de movilidad como un andador o un bastón. Asimismo, debe evaluarse la marcha de la persona, tomando nota de si es insegura, tambaleante, bamboleante o inestable.

Calzado

El uso de un calzado inadecuado puede favorecer las caídas. Un número significativo de personas mayores se caen cada año por llevar calzado que no les queda bien o que ha dejado de ser seguro debido al desgaste. Los pacientes deben usar un calzado adecuado y que les ajuste bien.
Los centros sanitarios pueden considerar el uso de calcetines antideslizantes para los pacientes que ingresan sin un calzado adecuado o si no se les puede suministrar o aplicar calzado. Los calcetines antideslizantes también pueden constituir la mejor opción si el paciente se mueve durante la noche o si este no coopera con las recomendaciones sobre el calzado.

Deficiencias visuales o auditivas

Otras cuestiones de movilidad son las deficiencias visuales o auditivas que pueden afectar al movimiento o causar una falta de percepción del entorno o de los peligros existentes.

Estabilidad mental

El riesgo de caída aumenta si la persona es emocionalmente impulsiva, si tiene tendencia a sentirse confusa o desorientada, si ha sufrido un ictus o si le han diagnosticado una enfermedad que pueda afectar al estado mental y psicológico, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Parkinson o la demencia senil.

Evaluación del riesgo de caída: el entorno

Los centros sanitarios deben analizar e identificar los entornos susceptibles de provocar caídas en los pacientes. Cada vez que entre en la habitación, fíjese en los elementos que pueden volver peligroso el entorno (desorden, líquidos derramados, cables o tubos).

Suelos

Los suelos deben contar con superficies antirreflectantes y antideslizantes, y deben limpiarse con cera antideslizante. Deben eliminarse las alfombras y el desorden del suelo. Además, los materiales como soportes de ordenador, carritos de medicamentos o carritos de ropa de cama no deben dejarse en los pasillos. Cualquier alfombra debe fijarse por los bordes y su superficie no debe presentar diferencias de altura al cambiar el tipo de suelo (por ejemplo, de la alfombra a baldosas o madera). Del mismo modo, en las puertas o entradas no debe haber listones o embellecedores que queden elevados respecto al suelo. Es esencial que cualquier cambio inevitable en el suelo se marque mediante algún tipo de aviso visual. Todas las habitaciones de los pacientes deben contar con un camino transitable hasta el cuarto de baño. En general, el suelo deberá permanecer despejado.

Iluminación

Uno de los factores ambientales más importantes que se deben inspeccionar es la iluminación del centro. Los interruptores de la luz deben estar accesibles antes de entrar en una habitación. La cantidad de luz debe ser adecuada para las personas con deficiencias visuales y deben emplearse luces nocturnas, en especial cerca de los cuartos de baño y dentro de estos. Debe eliminarse el deslumbramiento, incluido el que proviene de la luz natural que entra por las ventanas. Asimismo, la iluminación de las zonas peligrosas, como las escaleras y los pasillos, debe analizarse también en detalle.

Camas de los pacientes

Los colchones deben tener bordes especialmente firmes para que se pueda tomar asiento sin peligro y para facilitar los traslados desde la cama y hasta ella. Los botones de llamada deben estar fácilmente accesibles. Para aquellos pacientes que se considera que tienen un elevado riesgo de caída, deben emplearse camas bajas especiales. Si no se dispone de ellas, la cama debe permanecer en todo momento en la posición más baja posible si no hay personal presente. Las dos barras laterales superiores deben estar levantadas mientras el paciente está en la cama. Si es necesario, también se puede subir la tercera barra.
Pueden emplearse protectores para evitar caídas y aprisionamientos entre las barras laterales y el colchón. Se pueden colocar protectores de suelo en torno a la cama para aquellas personas con un riesgo muy elevado de caída.

Habitaciones de los pacientes

Los muebles no deben ser demasiado bajos. Además, deben ser resistentes al vuelco y no tener ruedas por si se emplean accidentalmente como punto de apoyo. Los muebles tampoco deben tener aristas o esquinas puntiagudas. Cualquier asiento de la habitación debe ser adecuado para el tamaño y la altura del paciente y suficientemente firme para realizar traslados seguros. Por lo general, es preferible que los asientos tengan reposabrazos que ayuden a la persona a levantarse. En los casos en que sea necesario, deberán utilizarse cojines y otros posicionadores posturales para ayudar a las personas de movilidad reducida.

Cuartos de baño

Las puertas de los cuartos de baño deben ser suficientemente anchas para permitir el paso de andadores y sillas de ruedas. Asimismo, no debe haber listones ni embellecedores en el umbral, ya que estos pueden interferir con la entrada y suponen un riesgo de caída. Los suelos de los cuartos de baño deben contar con alfombrillas o bandas antideslizantes para que se pueda caminar sobre ellos sin peligro, especialmente en el interior y las inmediaciones de las duchas y bañeras. Los agarradores y barras de seguridad deberán fijarse bien y colocarse de forma lógica para que sirvan de ayuda a quien entre en el cuarto, entre o salga de la ducha o bañera, o se levante del inodoro. Esos agarradores deben estar lo suficientemente bajos para que se alcancen estando sentado dentro de la bañera. En los casos en que sea necesario, pueden emplearse asientos elevados de inodoro para las personas con riesgo de caída. Se debe instar al personal a que limpie cualquier líquido derramado de forma inmediata y a que mantenga secas las superficies del cuarto de baño.

Escaleras

Las escaleras también deben inspeccionarse. Debe haber barandillas firmes a ambos lados. Las superficies de los peldaños deberán ser antideslizante y los bordes deben estar señalados de alguna forma, como por ejemplo con bandas de pintura blanca o bandas reflectantes. Las escaleras también deben estar despejadas y sin equipos o materiales. Los descansillos no deben utilizarse en ningún caso como zonas de almacenamiento.

Ascensores

Si el centro cuenta con ascensores, el suelo de estos debe quedar al mismo nivel que el suelo de los pasillos. Su superficie también debe ser antideslizante. La puerta debe ser lo suficientemente ancha para permitir el paso de andadores y sillas de ruedas, y una persona que use andador debe poder entrar sin resistencia alguna. El retroceso de las puertas, sensible a la presión, debe configurarse con la mayor sensibilidad para evitar que estas derriben a las personas frágiles o con elevado riesgo de caída. Los botones del ascensor, que deben estar bien iluminados y marcados en Braille, han de estar lo suficientemente bajos para todos los usuarios. Por último, el botón de parada de emergencia y el teléfono del interior del ascensor deberán estar marcados con claridad y al alcance.

Educación de pacientes y familiares

Una vez identificado el riesgo de caída, es importante educar al paciente y a su familia sobre los riesgos y cómo reducirlos. Es posible reducir el riesgo de caídas mediante un plan de intervención y una comunicación adecuada con los pacientes o residentes y los miembros de sus familias. Explíqueles por qué tienen riesgo de sufrir una caída y qué hace su centro para mantenerlos a salvo.

Educar al paciente

Explique al paciente los factores de riesgo y cualquier información específica que este pueda necesitar, como la aparición de mareos debidos a la medicación, una enfermedad o la debilidad posterior a un procedimiento. Si es necesario, háblele sobre permanecer en cama y utilizar el botón de llamada para pedir asistencia antes de levantarse, por ejemplo, si necesita ir al cuarto de baño. Propóngale también que lleve un calzado adecuado cuando camine para favorecer un buen agarre al suelo.
Si el paciente puede caminar sin ayuda, propóngale que se siente erguido en el borde de la cama durante 10 segundos antes de ponerse en pie. Además, es importante transmitirle que en ningún caso debe apoyarse sobre el equipo rodante tal como los portasueros. Explíquele también cómo utilizar las barras laterales y cualquier otro elemento de protección. Si estos necesitan ajustarse, el paciente debe llamar al enfermero para que le ayude a realizar los cambios, y no tratar de hacerlo solo.

Educar a los familiares

Comente con los miembros de la familia el plan de cuidados, basado en el riesgo del paciente de sufrir caídas. Edúquelos sobre el riesgo de lesión debida a una caída y explíqueles qué pueden hacer para ayudar a prevenir las caídas mientras el paciente esté en el centro. Trate de brindar al paciente y a sus familiares recursos y apoyo; infórmeles de que alguien pasará a verles con frecuencia para valorar las necesidades que puedan tener.
Si el paciente sufre una caída, comuníquese siempre con la familia e infórmeles de cualquier lesión que se sospeche o se haya confirmado. Ello ayuda a generar un grado de respeto entre el personal del centro y la familia. Una cuestión fundamental es asegurar al paciente y a su familia que están cuidando de ellos.
También puede transmitirles un par de puntos clave en cada visita para ayudarles a comprender el riesgo de caída y las precauciones de seguridad. En último lugar, debe ser capaz de aclarar cualquier confusión y responder a cualquier pregunta que puedan tener.

Recomendaciones

Para que un programa de prevención de caídas tenga éxito, este debe abarcar la totalidad del sistema y el personal debe comprender claramente las responsabilidades y reglas individuales de la prevención de caídas. Educar e involucrar al equipo ayudará a generar una cultura de responsabilidad y seguridad dentro de la organización. Es importante brindar al personal las herramientas de prevención de caídas que contribuyan a fomentar sus iniciativas para aumentar la concienciación y reducir el número de caídas en el centro. Los elementos educativos necesarios para la prevención de caídas deben incorporarse a la orientación de los nuevos empleados, así como a las competencias anuales de todo el personal. Eduque a su equipo regularmente para crear un entorno que mejorará la calidad de vida de los pacientes.

Involucre al equipo

  • Ayude al personal a identificar las áreas que se consideran de alto riesgo para las caídas
  • Implemente actividades formativas y de aprendizaje para el personal
  • Asegúrese de que la prevención de caídas figura en el programa de las reuniones de personal para que se comente de forma rutinaria con todo el equipo (compartir datos, pedir recomendaciones para mejorar el programa)

Herramientas para la prevención de caídas

Enseñe al personal las herramientas para la prevención de caídas específicas para el programa del centro, como por ejemplo:

  • Herramienta para informe o herramienta de investigación: se emplea para entrevistar al personal que pueda haber estado presente cuando ocurrió la caída. Con ella se reúnen datos que pueden utilizarse para cubrir futuras necesidades educativas del equipo y el personal en general
  • Herramientas para gestionar las rondas: cuando se visita con frecuencia a un paciente, sus necesidades se cubren mejor. Es esencial realizar rondas cada hora para ayudar ante posibles caídas
  • Herramienta de registro: se emplea para hacer un seguimiento de lo que ocurre en el centro en lo relativo a las caídas pasadas y presentes, y para ayudar al equipo a implementar, planificar y mejorar la atención en el futuro
  • La alarma de cama a menudo se utiliza para alertar al personal de los movimientos significativos en la cama que pueden conllevar una caída
  • Material personal, lo cual incluye que la cuña esté al alcance del paciente
  • Uso de calcetines antideslizantes

Conclusiones

Cuando un paciente ha sufrido una caída, el enfermero debe:

  • Entrevistar al paciente lo antes posible
  • Evaluar las condiciones clínicas y los factores de riesgo
  • Investigar los posibles factores del entorno que puedan haber contribuido a la caída
  • Evaluar los equipos en uso
  • Definir/implementar intervenciones consecuentes con las prácticas habituales/los objetivos para los pacientes
  • Entrevistar al personal
  • Encargarse de la documentación
  • Monitorizar/evaluar el efecto de las intervenciones
  • Revisar las intervenciones

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Referencias
¹ National Institute for Health and Care Excellence, Action needed to reduce hospital falls: a 'one size fits all' approach will not work, June 2013, Available at: http://www.nice.org.uk Accessed April, 2016
² National Institute for Health and Care Excellence. Falls: assessment and prevention of falls in older people. June 2013, Available at: http://www.nice.org.uk/guidance/cg161 Accessed 8 June, 2015
³ WHO Global Report on Falls Prevention in Older Age. World Health Organisation 2007

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